Algoritmos con propósito público: ¿Cómo la tecnología puede fortalecer la transparencia?

Vivimos un momento en el que la complejidad y rapidez de los fenómenos sociales y políticos crece exponencialmente. Un cambio que es cuantitativo y cualitativo en el que estamos llamados a ver acciones, decisiones y políticas inéditas. En este contexto, la inteligencia artificial (IA) puede ser tanto una aliada poderosa para la transformación positiva como, un riesgo si se aplica sin criterios éticos y sin un enfoque de derechos humanos. Como todas las herramientas puestas a disposición del ser humano, depende de cómo se implemente, desarrolle y gobierne.

Algoritmos con propósito público: ¿Cómo la tecnología puede fortalecer la transparencia?

Aún así, resulta imposible ignorar su enorme potencial para modernizar y fortalecer la administración pública, especialmente en regiones como Centroamérica, donde la innovación puede ser una palanca decisiva para el desarrollo inclusivo y sostenible.

El BCIE apuesta por un nuevo modelo de gobierno abierto e inteligente

Precisamente en esta encrucijada el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) ha renovado su compromiso con la transparencia y el acceso a la información con su reciente actualización de la Política de Acceso a la Información. Esta normativa representa un hito para la región y sienta las bases para un nuevo modelo de gobierno abierto e inteligente, en el que la IA puede desempeñar un papel estratégico. La nueva normativa incorpora el compromiso de divulgar datos abiertos, promover la comunicación efectiva de sus documentos, generar mayor accesibilidad para personas con discapacidad, entre otras acciones para fortalecer la rendición de cuentas.

¿Qué puede aportar realmente la IA en la gestión pública?

Como expuse recientemente en la Revista UNIR (“La inteligencia artificial en la administración pública: un avance necesario”), la IA permite automatizar procesos, identificar patrones complejos que escapan en su gran mayoría al análisis humano, optimizar recursos y, sobre todo, generar conocimiento a partir del análisis de datos masivos. Todo ello tiene un enorme potencial para desarrollar mejoras en la toma de decisiones, anticipar riesgos y diseñar e implementar políticas públicas mucho más eficaces, íntegras y confiables.

 Sin embargo, el valor de la IA no radica únicamente en su capacidad técnica. Más bien al contrario, su aplicación en el ámbito público requiere de una mirada ética, inclusiva y orientada al bien común y la generación de valor público, como siempre defiende mi colega Peter Sharp, experto internacional en justicia abierta. En síntesis, necesitamos una inteligencia artificial al servicio de las personas, alineada con el respecto de los derechos humanos y los principios de legalidad, equidad, transparencia y participación. El gran desafío de nuestro tiempo no es aplicar IA, sino aplicarla bien, garantizando una gobernanza responsable.

¿Qué entendemos por gobierno inteligente?

Gobierno abierto + inteligencia artificial = gobierno inteligente

El BCIE ha avanzado estos últimos años de forma decidida hacia una cultura organizacional basada en la apertura. La actualización de su Política de Acceso a la Información, resultado de un amplio proceso participativo en el que un servidor colaboró, no sólo refuerza el principio de máximo acceso, sino que incorpora mecanismos innovadores de divulgación de la información y datos abiertos, la accesibilidad universal, el uso de un lenguaje claro y la creación de canales de interacción con las partes interesadas.

Este enfoque es la base del gobierno inteligente, entendido como aquel que combina la apertura institucional con el uso estratégico y responsable de las tecnologías emergentes como la IA, con el objetivo instrumental (un medio para) de lograr mejoras sustantivas en los pilares  de una buena administración:

  • Automatizar procesos y hacerlos accesibles a la ciudadanía.
  • Personalizar servicios sin excluir a nadie bajo el principio de no discriminación.
  • Fortalecer la rendición de cuentas con más participación.
  • Construir sociedades más justas y libres, tal como planteó el Politólogo Leonardo Morlino.

Un gobierno inteligente es, por definición, un gobierno abierto que utiliza la tecnología para potenciar la transparencia, la colaboración y la innovación democrática, construyendo mejoras colectivas e individuales en base al interés público.

¿Por qué integrar IA y gobierno abierto no puede esperar?

Iniciativas como las del BCIE muestran el camino a seguir: integrar IA y gobierno abierto no es solo deseable, sino urgente, tal como lo indicó su Presidente Ejecutiva, Gisela Sánchez, en el  XXVII Encuentro de la Red de Transparencia y Acceso a la Información (RTA) que organizó el BCIE en Tegucigalpa, Honduras. No se trata de digitalizar lo antiguo, sino de repensar lo público con nuevas lógicas, donde los algoritmos estén al servicio de las personas y no al revés. Este enfoque adquiere particular relevancia en el marco de la necesidad de fortalecer la confianza en las instituciones públicas y en los organismos internacionales.

¿Qué principios deben guiar una IA centrada en las personas?

La implementación de la IA en la gestión pública debe regirse por principios éticos claros y robustos. En la línea de lo que plantea la Carta Internacional de Datos Abiertos, firmada en la Cumbre Mundial de la OGP en México en 2015, hace ahora 10 años, y que está fuertemente alineada con la Política de Acceso del BCIE, el uso de datos debe hacerse de forma responsable, garantizando la privacidad, inclusión y equidad. La transparencia algorítmica, la explicabilidad de los procesos de decisión y la auditoría ciudadana son condiciones esenciales para una buena gobernanza de la IA. Una gobernanza que prevenga una algocracia deshumanizada que nos conduzca a escenarios y resultados no deseados.

Además, la aplicación de la IA en el sector público debe pensarse desde una lógica claramente colaborativa. La consulta pública que el BCIE impulsó para actualizar su política de acceso a la información es un excelente ejemplo de cómo involucrar a colectivos diversos como academia, sector privado, sociedad civil y organismos multilaterales, para mejorar la gobernanza del dato. Este mismo espíritu de colaboración debe extenderse a la gobernanza de la IA en el sector público.

¿Puede Centroamérica liderar una innovación institucional con impacto global?

En una región como la centroamericana, donde coexisten grandes oportunidades de desarrollo y brechas estructurales, la IA puede ser un catalizador de transformación e innovación institucional. Pero para lograrlo es imprescindible un marco normativo claro, una visión estratégica compartida y capacidades técnicas fortalecidas. El BCIE, con su renovada apuesta por el acceso a la información y su claro papel de liderazgo en la región, está en una posición única para promover una agenda de gobierno inteligente, en alianza con los países de la región.

Esta agenda debe incluir al menos tres líneas prioritarias:

 (1) Desarrollar infraestructuras sólidas de datos abiertos y de calidad.

 (2) Fortalecer las capacidades estatales para usar la IA de forma ética y estratégica . 

 (3) Articular redes de colaboración interinstitucional e intersectorial para co-crear soluciones inteligentes a los desafíos públicos.

Conclusión: hacia un nuevo contrato social digital

La Administración pública del segundo cuarto del siglo XXI debe ser capaz de conciliar valores y tecnologías, transparencia y automatización de decisiones, participación y empoderamiento, eficiencia y personalización de servicios. La inteligencia artificial, si se articula con los principios del gobierno abierto, puede ser una poderosa herramienta para avanzar hacia un nuevo contrato social digital, en el que las instituciones sean más accesibles, las personas más empoderadas y las decisiones sean más justas, inteligentes y éticas.

En resumen, no se trata de automatizar procesos: se trata de democratizar el Estado. Transformar la administración pública desde la ética, los datos y la inteligencia artificial no es una utopía futurista: es una necesidad presente. Y en Centroamérica, el BCIE está demostrando que ese futuro puede —y debe— comenzar hoy.